Una amiga muy cercana, íntima, entrañable, está por casarse. Ella y yo hemos transitado juntas de la adolescencia a la vida menos adolescente. En unas semanas, cambiará su estado civil y yo tendré el honor de ser testigo y, además, seré una de sus damas en la boda.
Los preparativos del ritual y mi participación en él se han convertido en una experiencia innolvidable y muy intensa, que comienza por la confesión de que en mi vida han existido momentos donde no me sentía una mujer (tampoco es que me sintiera hombre), mucho menos bonita, atractiva o femenina. Una manifestación de esos estados es mi renuencia a usar zapatos de tacón... hasta hace unas semanas.
Mi relación con los zapatos ha tenido momentos desastrosos, llenos de ampollas, curitas, dolor y arrepentimiento. Dos han sido las causas de esos malos pasos: problemas ortopédicos y una piel excesivamente sensible, lo cual se ha traducido en varios pares de zapatos que he terminado regalando, porque desde de la primera caminata juntos descubro que sólo me esperan senderos de maltrato. Ellos no son el problema, yo tampoco, simplemente se trata de buscar y hallar el para adecuado.
A mis problemas ortopédicos y de sensibilidad epidérmica, se agrega el hecho de que soy una mujer alta, siempre lo he sido. Sé que muchas mujeres envidian esta característica. Sin embargo, en mi caso, la estatura de modelo entra en contradicción casi permanente con mi deseo de no sobresalir, deseo evidentemente irrealizable.
Ahora se puede empezar a comprender el reto que me significa ser dama en una boda. No me puedo rehusar, se casa mi amiga, así que tendré que usar zapatos de tacón el día de la ceremonia, podría no hacerlo, pero nada se verá mejor con el vestido de coctél que llevaré. La solución que he encontrado me condujo a comprarme mi primer par de zapatos de tacón para practicar. Confieso que la sensación de calzarlos es vertiginosa. Sí, gano altura y no acabo de acostumbrarme, pero, también, por primera vez en mi vida puedo decir que no importa tanto como el hecho de descubrir que me calzan bien porque me siento mujer.