martes, 29 de mayo de 2012

The Girl with the Dragon Tattoo/ Millenium 1


Advertencia: estoy fascinada por el personaje de Lisbeth Salander, la protagonista de la trilogía Millenimun de Stieg Larsson.  Durante su lectura he experimentado un fenómeno nuevo para mí, comencé a soñar son los personajes centrales, ese dúo conformado por Salander y Mikael Blomkvist.

Cuando me enteré que la trilogía de Larsson había sido adaptada al cine en Suecia mi reacción fue negarme a verla hasta que terminara de leer por completo la historia. Cuando me enteré que se estrenaría una versión norteamericana me negué a verla hasta acabar los tres libros y hasta después de ver la adaptación sueca. Ayer vi la versión norteamericana, dirigida por Alan Fincher, sólo he visto la primera de las tres películas suecas, dirigida por Niels Arden, y me falta leer el último volumen. Mi curiosidad ganó.

La película de Fincher tiene a su favor, para empezar, una fotografía bellísima, la banda sonora realizada por Trent Reznor y un flujo de la narración más continuo. Mientras que en la película de Arden, se siente una premura por contar la historia lo que se traduce, desde mi perspectiva, en un relato espasmódico.

Por otra parte, la versión de Fincher  recupera más elementos del primer libro en comparación con la versión de Arden. En la segunda, ignoro si para evitar la contratación de más actores o por un alarde de creatividad (¿?), por ejemplo, se omite al personaje de la hija de Blomkvist y su incidencia en el desarrollo de la trama; de igual modo, en la película de Arden se obvia la incursión de Salander en las oficinas de Wennestrom, lo que no sucede en la versión de Fincher. Me dirán que estas diferencias que destaco son producto de dos ejercicios interpretativos distintos y es cierto, justo por ello los señalo, porque me parece que ambas películas nos permiten apreciar y experimentar dos ejercicios exegéticos de la misma novela. Resultan muy interesantes las coincidencias y diferencias entre ambos proyectos en la selección de episodios para contar la historia.

Otro elemento que permite contrastar estas películas es la forma en que presentan el pasado de Lisbeth Salander. En la película de Arden, por medio de la analepsis se presenta el evento que definió el destino de la protagonista (su estancia en el psiquiátrico y la declaración de su incompetencia), pero ella jamás lo menciona. En la película de Fincher ese episodio no forma parte de la historia, sino que la misma Salander escuetamente se lo cuenta a Blomkvist mientras yacen frente a frente en una cama y éste es un gran error. Fincher se equivoca al incluir esa confesión no sólo porque no forma parte del primer libro de la trilogía, sino porque va en contra del personaje y porque sabotea, creo yo, la posibilidad de la adaptación fílmica del segundo libro, si acaso tiene esa intención.

La confesión de la Salander de Fincher traiciona el hermetismo y la desconfianza del personaje construido por Larsson. Ella es incapaz de hablar de su pasado, con excepción del tutor Palgrem, obviar este aspecto merma la interpretación que de la protagonista hace Fincher.  Por otro lado, esa confesión problematiza (creo) la realización de la segunda película, porque Millemiun 2 en gran medida se trata de desentrañar ese evento y sus consecuencias, quizá esa será la apuesta de Fincher.

domingo, 3 de octubre de 2010

En la combi

Tomé una combi para llegar a mi casa. Adentro dos de las pasajeras destacaban: una parecía la mujer maravilla después de una larga juerga, la otra sólo parecía una mujer. 
La primera estaba malfajada, borracha y comía papas fritas. Calzaba botas negras, una minifalda de mezclilla (mejor dicho una cuelifalda). Se sentó con las piernas abiertas (frente a un niño al que le interesó más mirar por la ventana), posición que expuso una tanga de encaje blanco, del mismo color usaba un top (aunque salpicado de manchas que me recordaron el agua de jamaica, demasiado descoloridas para ser sangre) con encaje en el pecho. La prenda no lograba contener el estómago prominente (pensé que debió estar emabarazada por lo menos una vez) que separaba top y falda. Arriba, entre el encaje y el cuello se asomaban las copas performadas del brassiere que ya no sostienen nada, los senos eran oprimidos por el sostén, sus pezones se atisbaban por debajo de la tela del top. Tiene el cabello largo, pero en ese momento estaba enmarañado, traía una balerina blanca para detnerlo (por lo que evoqué a la superheroína). El maquillaje escurrido defiguraba más su rostro ebrio.

La otra pasajera era un travesti. Su piel es morena y supelo negro, largo y lacio, llevaba la cara maquillada. Usa uñas largas y cuidadas, vestía un pantalón de mezclilla pegado, botas, bolsa y chamarra negras. Supe su condición sexual por sus manos grandes y cuadradas.  

sábado, 2 de octubre de 2010

NO

Yo vivo en México y no estoy de acuerdo con la situación que vive mi país, ni con las decisiones de sus gobernantes:

NO a la violencia, SÍ a la cultura.

domingo, 19 de septiembre de 2010

19 de septiembre de 1985

Yo tenía 7 años, estaba desayunando un sandwich de plátano, entre cada mordiad me balanceaba p'adelante y p'atrás de la silla hacia la mesa y de vuelta; en una de esas casi me voy de boca contra la mesa. Estaba temblando. Mi amá entró y tenía una expresión en su cara que nunca le había visto antes, estaba asustada;  se paró en el marco de la recámara, donde mi hermano dormía en su cuna, y llorando rezaba. Por fortuna, vivimos del otro lado de la falla de san Andrés y para nosotros el terremoto de 1985 no pasó de ser un susto. Para mí fue el primer temblor de muchos más, el segundo sucedió la noche siguiente, el 20 de septiembre de 1985, entonces mi apá me colocó bajo el marco de la puerta de la entrada y estaba dispuesto a a aventarme al patio si la casa comenzaba a derrumbarse. La mañana anterior mi apá vio cómo se derrumbó el Hotel Regis, que se encontraba en la Avenida Juaréz, debido al temblor, él iba rumbo a su trabajo.

Días, semanas y meses después entreví la magnitud del fenómeno cuando amigos, vecinos  y compañeros del trabajos de mis padres se organizaron para ayudar. Nunca olvidaré que mis apás donaron a los damnificados una enorme cazuela de arroz y el hervidor de biberones completo de mi hermano y mío; tampoco olvido la alegría que provocaba cada rescate de un bebé vivo del áera de cuneros del Hospital Juárez, o la admiración ante el trabajo de los Topos.  Mi amá me ha contado que ella fue consciente de la dimensión de la tragedia cuando en días o semanas posteriores un día fue al Hospital de la Raza (ignoro el motivo) y vio varios muros tapizados con hojas y fotografías de personas extraviadas desde que tembló, ella se soltó a llorar.  


Yo, cada año, con cada aniversario me entristezco más.
 
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 es un acontecimiento que ha muchas personas nunca olvidaremos. Es uno de esos eventos en que miles de personas, los que sobrevivimos, al unísono experimentamos la muerte (la mayoría, quizá por pirmera vez conscientemente) y seguimos compartiendo el duelo.