sábado 21 de marzo de 2009

1 2 7: la muerte por Tepito

El domingo de la semana pasada asistí a la inauguración de una exposición fotográfica en la Galería José María Morelos, que se encuentra en la Avenida Peralvillo, en el barrio bravo de Tepito, conocido por ser una zona popular, famoso por su mercado de ropa. Hace unos años era el lugar donde se adquiría todo tipo de fayuca (mercancía que ingresaba de contrabando al país) y en la actualidad es un importante centro distribuidor de toda clase de piratería, ¡hasta de películas de arte!

Llegué a Tepito vía el micro que va a La Villa y se toma sobre Reforma, a la salida de metro Hidalgo. Me bajé en la glorieta de Cuhitláhuac y caminé. Según las indicaciones, tenía que entrar por una calle que durante el mediodía del domingo es sede varios puestos que impiden la caminata de quien lleva prisa. Decidí seguir caminando sobre Reforma, pero en algún momento (no supe cómo) estaba dentro del tianguis laberíntico. Pasé frente a puestos de ropa y tenis, entre todos ellos sobresalía un puesto de música ¡con un dj en vivo! Entre ese puesto y el de su vecino había un espacio por donde escape de ese laberinto y salí a una calle con un camellón.

Intuía que esa calle me llevaría a Peralvillo, a pocos metros de distancia del dj en vivo, sobre el camellón, vi una capilla dedicada a la santa Muerte con todo y escultura (devoción que más tarde me recordó la que se profesa a la virgen de Guadalupe en las colonias del D. F., en cualquiera se encuentra al menos una capilla dedicada a ella). Mientras yo pasaba frente a la imagen (por la acera contraía) vi como un hombre le colocaba un cigarro encendido entre los dientes.

Seguí caminando. Volteé mi cabeza hacia adelante, crucé hacia el camellón, yo me movía más rápido que los coches. Varios metros después me llamó la atención ver la camioneta de una funeraria, digo acababa de ver la presentación de una ofrenda a la santa Muerte y ahora me cruzaba con una carroza fúnebre. No recuerdo qué automóvil detenía a la carroza, yo los rebasé pensando en que cuando uno está dentro de un carro escuchando música y se cruza con un cortejo fúnebre en señal de respeto se apaga el radio. Quería ubicar Peralvillo y, entonces, a mi derecha, en dirección contraria sobre la calle, rumbo a la carroza, vi a una mujer sosteniendo un arreglo de flores blancas, detrás de ella venían seis hombres cargando un féretro. ¡Era el cortejo fúnebre que ante la inmovilidad de la carroza tomó la iniciativa! Si la carroza, no va al féretro...

Yo no podía salir de mi asombro. Cuando llegué a la inauguración relaté estas visones.

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