miércoles 24 de junio de 2009

Ciento treinta 2: feisbuk

Pido una disculpa a los lectores (si los hubo, si los hubiera, si los hay) de esta nota. Tenía varios errores resultado de la combinación de la desvelda y cuenta regresiva de un retorno.

Feisbuk provee información automática sobre las personas con quienes mantenemos relaciones personales y laborales. Esa forma de interacción me ha dado sorpresas y me ha provocado dolorsitos en el corazón y en el ego.

En ese momento de tránsito entre la noche del viernes y la madrugada del sábado me metí al Feisbuk e hice lo usual: comenté comentarios, recibí y envié regalos virtuales, tomé algún cuiz (¡resulta que me parezco a Foucault!) y estuve visitando los perfiles de algunos "Amigos". En cuanto se desplegó el perfil de un Amigo lo primero que vi es que fue etiquetado en una nota de un "Amigo en común”, inmediatamente leí la nota (me gustó) y me puse a revisar quién más estaba marcado en ella, para sorpresa mía encontré varios conocidos (había otro “Amigo en común). No sobra decir que yo no fui etiquetada en esa nota, que me hubiera gustado serlo y que me sentí mal, rechazada, puesta a un lado, pateada, en conclusión: excluida.

Al Amigo de la nota lo conozco desde hace varios años, no somos íntimos, pero nos conocemos desde antes del feisbuk, es una buena persona, conversador y me cae bien. El Amigo cuyo perfil me condujo al sorpresivo hallazgo es muy cercano. Me pone celosa no haber sido etiquetada por alguien con quien tengo una relación previa a feisbuk. Si hubiera sido alguien que sólo conozco por esa vía (poco probable) o que no siento tan cercano no me habría importado.

Por si fuera poco, corona la situación que ¡ellos dos son “Amigos” de feisbuk porque yo hice la sugerencia! Después me dio por pensar que, como ellos y yo giramos alrededor de la literatura y la escritura, yo no fui etiquetada porque el Amigo que publicó la nota no me considera una buena escritora, lo cual se tradujo, al día siguiente, en sentirme una pésima pésima, malísima ensayista.

La sorpresa mayor no me la ha dado no ser etiquetada en esa nota, sino las emociones y sentimientos que la interacción en feisbuc me hace experimentar. Se trata de un medio virtual, pero el corazón y el ego no permanecen ajenos. Esa omisión, ese acto simbólico —como escribe Rodrigo Bazán— activó mecanismos y asociaciones de mi pisque que me son inherentes y sólo míos (no los voy achacar, ni reclamar a nadie). Por eso cuando leí el comentario de Rodrigo Bazán, “Córtalas, córtalas”, sobre la relaciones en el ciberespacio me envalentoné y decidí escribir lo que me pasó.
Pensé en dejarle un comentario a mi Amigo en su nota. No lo hice. Pensé mandarle un mail haciéndole un pequeño reproche, tampoco lo hice. No le he reclamado. ¿Debería? ¿Se vale? ¿Cuáles son las reglas de la interacción en feisbuk? ¿Tendremos que redefinir la palabra “amigo” y hacer una distinción entre “amigos-fuera-de-feisbuk” , o “antes-de-fb” y “amigos-de-fb”?

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