domingo 3 de octubre de 2010

En la combi

Tomé una combi para llegar a mi casa. Adentro dos de las pasajeras destacaban: una parecía la mujer maravilla después de una larga juerga, la otra sólo parecía una mujer. 
La primera estaba malfajada, borracha y comía papas fritas. Calzaba botas negras, una minifalda de mezclilla (mejor dicho una cuelifalda). Se sentó con las piernas abiertas (frente a un niño al que le interesó más mirar por la ventana), posición que expuso una tanga de encaje blanco, del mismo color usaba un top (aunque salpicado de manchas que me recordaron el agua de jamaica, demasiado descoloridas para ser sangre) con encaje en el pecho. La prenda no lograba contener el estómago prominente (pensé que debió estar emabarazada por lo menos una vez) que separaba top y falda. Arriba, entre el encaje y el cuello se asomaban las copas performadas del brassiere que ya no sostienen nada, los senos eran oprimidos por el sostén, sus pezones se atisbaban por debajo de la tela del top. Tiene el cabello largo, pero en ese momento estaba enmarañado, traía una balerina blanca para detnerlo (por lo que evoqué a la superheroína). El maquillaje escurrido defiguraba más su rostro ebrio.

La otra pasajera era un travesti. Su piel es morena y supelo negro, largo y lacio, llevaba la cara maquillada. Usa uñas largas y cuidadas, vestía un pantalón de mezclilla pegado, botas, bolsa y chamarra negras. Supe su condición sexual por sus manos grandes y cuadradas.  

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